EVEN ANGELS [The Sea, Ángel and Love]

Aquel Ángel jamás volvió.

Nadando contra el mar, busco desesperado el cuerpo de un joven, se lo llevó las olas hace ya 20 minutos, cuando entro a lo más profundo, golpeando las olas, difícilmente puedo localizar algún cuerpo flotante en medio del mar. Los gritos de la playa, son como advertencias, señalan desesperados puntos distintos en el agua, y aun así, sin entender qué tipo de indicaciones son las que me dan, hago lo posible por obedecer. Es mi deber proteger a los turistas en la playa, pero es imposible encontrar aquel joven que seguramente ya estará muriendo a la gran distancia. Decido volver, ya no veo a los turistas desesperados observándome nadar, de hecho la playa está vacía, parece oscura, ya no hay sol, la brisa es fría, el mar toma una fuerza precipitada y pareciera que el agua de la superficie viniera hacia mí. No puedo volver, el intento por regresar a la orilla es inútil y me enredo con las olas, los gritos de ayuda no funcionan, ya ni sé nadar, y me hundo cada vez más entre las olas… la corriente me ha llevado hasta lo más profundo, ya es imposible regresar a la superficie, hasta el azul del mar se ha ido y pareciera que a medida que mi cuerpo cae dentro de el, se hace de noche…  y me he quedado aquí, sin dolor en el pecho, doy brazadas fuertes, pero me quedo inmerso en el medio del mar, casi sentado sobre la arena profunda de las aguas, observo mi alrededor y es un hoyo negro, tan negro, como el universo de noche. El mar no se mueve, no se siente frio, no hay peces, no hay rocas, no hay mar, sólo es agua, me siento tan pequeño en un lugar tan grande, y al cerrar los ojos, creyendo estar cerrados, siguen abiertos, los vuelvo a cerrar, pero la imagen de la mancha negra está presente todo el tiempo, los siento cerrados, pero la imagen sigue ahí, sin entender que sucede, doy por hecho mi muerte bajo el mar, pero no es morir en el instante, no me siento muerto, es un limbo, es un estado del cuerpo que no sufre, que no siente, pero se cuestiona sin angustias, no acepto mi condición pero entiendo la circunstancia, no puedo hacer nada, la decisión es esperar, tampoco es de fé, no es esperanza, no espero un acontecimiento en medio de esta llanura oscura, es solo esperar, sin parpados para cerrar, sin recuerdos para distraerme en este escenario tedioso, el destino es estar viendo el mismo panorama a mi alrededor, y seguramente, he de llevar, si acaso, 15 minutos sumergido en este eterno mar, entiendo que esto será para toda la vida.

La gente ha olvidado a Ángel, el que murió en el mar.

Es una luz amarilla, incandescente, brilla lo suficiente para tener que pestañar repetidas veces con la intensión de divisar desde el horizonte una silueta blanca, parece viajar en una órbita aleatoria de alas que se mantienen estáticas, solo se suspende en el aire mientras su cabello blanco flota sobre su cuello largo, decorándole las clavículas, los hombros dorados, y sus suaves mejillas. Desde la playa veo como se acerca a la orilla, toca el agua espumosa del mar verdoso, tranquilo con su presencia, pareciera que abriera paso entre las olas para que su cuerpo flotante pase siquiera rozando el mar. Su cuerpo se convierte levemente en un hombre rozagante, con sus extremidades firmes, con la cara serena, con los ojos cerrados, una mirada meditabunda, placentera, su pecho se llena de suspiros y el aire que emana de su boca pareciera ser la brisa que viene de la costa, bastante atractivo para los turistas, para los presentes, para mis ojos que ya no pestañean por alguna luz cegadora, sino para enfocar cada detalle de su cuerpo… el comentario de las mujeres acostadas en las toallas, “es un ángel”, efectivamente, es un Ángel, al verlo salir del mar, con el sol en la espalda, con el cabello rubio, con la cara blanca, con los brazos de marfil, con el pecho cubierto de seda y las manos bañadas de diminutas perlas. Al llegar a la orilla, lo suficientemente cerca para contemplar todo esa excitante figura deslumbrante, aparece de repente envuelto totalmente en un manto rojo decorado con arabescos, sobrecargado de detalles que se confunden fácilmente con la textura de la arena arrodillándose ante mí, y por medio de una oración, imposible de entender, parece un idioma angelical, con un vozarrón ensordecedor, parece más un canto que alguna plegaria, una canción melancólica que se acompaña de fuertes vientos, mientras el zumbido del mar, el bajo de las olas, acompañan aquel ángel que agoniza sobre la playa, poco a poco su forma corporal se desliza sobre la tela, convirtiéndose en una masa en constante movimiento, sus extremidades desaparecen, si acaso la forma del cráneo es casi un pico que se mueve en círculos en diferentes direcciones. Cuando el sol se hunde sobre el mar, el cuerpo angelical parece descomponerse totalmente sobre la arena, y la tela, ya seca, enredada sobre pequeños troncos y algunas conchas de caracol, se levanta por el viento frío de la nueva noche y sale a volar entre las nubes, dejándose llevar por las corrientes de aire que recorren la costa.

Ángel, algunas veces pasea por la arena.

Mira Ángel que ni el amor se desvanece con las mordidas, ni el deseo que se comió los músculos carcomidos de mis rodillas, ni la fuerza que estira los tendones hasta reventar las arterias son capaces de aliviar tanta melancolía, . Acá me has dejado, tragándome el corazón, sumergido en el mar de mis agonías, obligado a sobrevivir en este cuerpo inerte de carne azul, de piel curtida de sal. Me hundo ante ti, amor, siendo la ofrenda en conmemoración a tu bondad, bebo de mi sangre, amor, para sanar el alma herida, porque el corazón no fue capaz de sanar. Me pierdo en la profundidad espesa del mar esperando la llegada. Tu bienvenida estará servida en un banquete decorado de velas rojas, con copas de oro rebozadas de vino y sangre, las rosas blancas marchitas y secas en floreros de cristal. Comerás de la carne desgarrada de mis huesos y beberás del ultimo fluido antes de mi evaporación y me salvarás del único dolor que no seré capaz de soportar, dejar de amar.

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[Angel]

cuerpos que se unen más allá de la carne para contradecir el mal de la vida, situaciones de angustia y penas que sobrellevan la existencia limitándonos a sentir y a pensar en amar y en aferrarse a otro ser. Imaginarse el alma, los fluidos, las texturas, las atmósferas, el aliento cálido del amor cuando se extrae de lo más hondo del pecho, de la caricia más nítida, del pliegue más sutil del rostro, de la lagrima más caliente que se resbala por la emoción. Desesperación y deseo, una sensación meditabunda y desgarradora que nos impide seguir y olvidar el dolor. No es sano vivir para recordar los errores, no es felicidad involucrarse hasta depender, es imposible sentirse a gusto con el mundo, con el cuerpo, con el alma que no existe, con lo intangible, con la dicha, con esa dicha que no se compara con el fatídico sentimiento de la desconfianza. no hay voluntad humana que sobreviva a los desplantes, a las traiciones, y a la pesadez de no saber amar, no entender y querer entender, de pronunciarse ante él, ante su tristeza, con la intensión más absurda del ser humano, sanar para satisfacer el simple hecho desgarrador de tener que sentirse vivo a través de un cuerpo que no se deja amar. 

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streetjizzlove:

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E V E N   A N G E L S